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“Soy abuelo y viví una situación que tal vez le sucede a muchos, cuando llegó el momento de que mis nietos reciban las vacunas aparecieron ciertas dudas en la familia. Cotidianamente escuchamos discursos que aseguran la peligrosidad de las vacunas así que, en el marco de esta investigación, buscamos saber qué puede ocurrir si se abandona el consenso sobre la inmunización pública”, dice Claudio Dorso, Investigador principal del CONICET y profesor titular del Departamento de Física en Exactas, UBA.

Junto con Pablo Balenzuela, Investigador independiente de UBA-CONICET en el Instituto de Física de Buenos Aires (IFIBA) y Andrés Medus, ex becario doctoral del DF, los investigadores publicaron un trabajo en la revista Physica. En la investigación se explora, mediante simulaciones numéricas, posibles escenarios de brotes epidémicos por la influencia de personas que rechazan las vacunas.

Dorso señala que este es el primer trabajo de una línea de investigación a desarrollarse durante varios años: “La idea es poder ser cada vez más cuantitativos con los resultados. En nuestro trabajo mostramos como la hipótesis de formación de al menos un cluster, aunque minoritario, puede dar lugar al rebrote de enfermedades que considerábamos controladas”.

Los autores trabajan focalizados en la vacuna del sarampión y la forma de propagación que alcanza ese tipo de virus. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta enfermedad es una de las principales causas de muerte entre los niños pequeños, a pesar de que hay una vacuna segura y eficaz para prevenirla. En el año 2015 hubo más de 130 mil muertes por sarampión en todo el mundo, es decir, cerca de 367 por día o 15 por hora.

“Nuestra hipótesis es que vivimos con la sensación de estar a salvo de las epidemias, porque muchas enfermedades se han erradicado y ya no las padecemos. Por otro lado, nos encontramos con la idea de que es una decisión individual, de tipo privada y la verdad es que no, porque no vacunar a los niños tiene consecuencias para el resto de la humanidad”, afirma Balenzuela y caracteriza la situación como un problema de tipo complejo, donde el comportamiento colectivo no se puede predecir a partir de comportamientos individuales. “Eso hace que las interacciones sean no lineales y, por lo tanto, no se puede inducir el comportamiento del todo a partir del de las partes», resume el investigador.

El modelo

Los autores basan su trabajo en un modelo que permite simplificar un panorama de alta complejidad. La reducción de agentes -personas, grupos y Estado-, así como la polarización de opiniones y decisiones, permite evaluar si la hipótesis principal es relevante o no. Con el tiempo, los sistemas numéricos pueden profundizarse, sumar características, y así obtener escenarios en una multiplicidad de contextos.

“La OMS afirma que la inmunidad se alcanza cuando el 95 por ciento de la población está vacunado; se considera que quienes no recibieron inoculación son casos aislados, que no pueden provocar un rebrote de la enfermedad. En nuestro trabajo tomamos ese cinco por ciento restante para plantear esta hipótesis: cómo esta minoría podría provocar un rebrote de enfermedades virósicas altamente contagiosas -como el sarampión- si se mantiene unida”, sintetiza Dorso.

Balenzuela explica que la formulación del modelo se realiza sobre una red diversa, donde hay dos tipos de relaciones entre humanos: físicas y virtuales. Es decir, el modelo contempla vínculos de cercanía que permiten el contagio de la enfermedad, y relaciones a distancia que representan intercambio de información: “asume que hay sujetos anti-vacunas y que por afinidad cultural con otros, forman grupos y así transmiten opinión hacia conjuntos poblacionales más grandes”.

Según se desarrolla en el paper, el esquema teórico está basado en el modelo de Axelrod, donde la dinámica de interacción cultural se basa en dos premisas: por un lado, la probabilidad de interacción entre individuos es proporcional al número de atributos culturales que comparten; y por otro, la interacción aumenta la similitud cultural entre individuos.

“Hicimos un modelo de agentes, donde cada uno tiene algunas características, en este caso representado por un vector cultural. Una de esas particularidades es si está a favor de la vacunación o no; otras son la elección política, la situación económica, la religión, el club del que es hincha, etc. Es decir, el modelo asume que dos personas tienen más posibilidad de interactuar si son parecidas culturalmente entre sí, y además que a partir de la interacción las similitudes se refuercen. Como consecuencia, se van a formar clusters, grupos que están en contra de la vacunación y no permanecen aislados”, explica Balenzuela.

El trabajo contempla diferentes interacciones entre agentes: a nivel real la proximidad física les permite intercambiar opiniones, pero también generar contagios; por otro lado, las interacciones virtuales a través de medios y redes sociales sólo influencian las opiniones. Por último, se incluye el efecto de los grupos que rechazan las vacunas rotundamente y la acción del estado mediante campañas de vacunación, como fuerza opuesta.


Claudio O. Dorso, Andrés Medus, Pablo Balenzuela, "Vaccination and public trust: A model for the dissemination of vaccination behaviour with external intervention" Physica A 482 (2017) 433–443.